
Dear Fellow Disciples, peace.
In today’s Gospel, we encounter Jesus in prayer—and it moves the disciples to ask, “Lord, teach us to pray.” Before we are missionaries, before we preach, act, or go—we must be disciples who pray, who stay at the feet of the Master, like Mary of Bethany in last Sunday's Gospel. Mission begins on our knees.
Jesus teaches the “Our Father,” a prayer not of isolation, but of communion and trust in God who is “Our” Father. True discipleship is always rooted in relationship: with God and with one another. This prayer shapes our hearts for mission—it forms us to seek God’s will, depend on His providence, and forgive as we have been forgiven.
But prayer is not passive. Jesus goes further: “Ask… seek… knock.” These are not quiet gestures. They are bold actions of faith. The mission of the disciple is to persist in love, to intercede for others, and to trust that God empowers the mission with the Holy Spirit.
Like Abraham interceding in the first reading (Gen 18), the disciple is one who stands in the gap—pleading for others, risking for others, loving others. That’s our mission: to bring God’s mercy to the world, one person, one prayer, one act of love at a time.
As we go forth today, may we be disciples rooted in prayer and driven by mission— ready to ask, seek, and knock, trusting that the Father will give us all we need to make His Kingdom known.
God Bless.
Fr. Chris
Queridos Discípulos, paz.
En el Evangelio de hoy, encontramos a Jesús en oración, y esto impulsa a los discípulos a pedir: "Señor, enséñanos a orar". Antes de ser misioneros, antes de predicar, actuar o ir, debemos ser discípulos que oran, que se mantienen a los pies del Maestro, como María de Betania en el Evangelio del domingo pasado. La misión comienza de rodillas.
Jesús enseña el Padrenuestro, una oración que no es de aislamiento, sino de comunión y confianza en Dios, que es "Nuestro" Padre. El verdadero discipulado siempre se basa en la relacion: con Dios y con los demas. Esta oración moldea nuestros corazones para la mision: nos forma para buscar la voluntad de Dios, depender de su providencia y perdonar como hemos sido perdonados.
Pero la oración no es pasiva. Jesus va más alla: "Pedid ... buscad ... llamad". Estos no son gestos silenciosos. Son acciones audaces de fe. La misión del discípulo es perseverar en el amor, interceder por los demas y confiar en que Dios fortalece la misión con el Espíritu Santo.
Como Abraham intercediendo en la primera lectura (Gn 18), el discípulo es quien se interpone en la brecha, intercediendo por los demás, arriesgándose por ellos, amando a los demas. Esa es nuestra mision: llevar la misericordia de Dios al mundo, una persona, una oración, un acto de amor a la vez.
Al salir hoy, que seamos discípulos arraigados en la oracion e impulsados por la mision, listos para pedir, buscar y llamar, confiando en que el Padre nos dara todo lo que necesitamos para dar a conocer Su Reino.
Dios les bendiga.
P. Chris
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