
Dear Fellow Disciples, peace.
Today we celebrate the Exaltation the Cross of Christ—not as a sign of defeat, but as the very sign of victory and life. What once was an instrument of torture has become the throne of mercy, where God’s love is revealed in its fullest measure.
In the first reading, we hear about the bronze serpent lifted up by Moses so that all who looked upon it were healed. This prefigures Christ, who says in the Gospel: “When I am lifted up from the earth, I will draw all people to myself.” On the Cross, Jesus takes upon Himself the sin of the world and transforms suffering into salvation.
For us, the Cross is not only a past event—it is a present call. It is the core of the sac rifice of Mass, going back to the one and only Calvary. It is also a call to follow Jesus in discipleship, which means to embrace the Cross in our lives: in daily sacrifices, in fidelity, in acts of love when it is difficult. The Cross teaches us that true glory is not in power or comfort, but in self-giving love.
So today we do not exalt pain—we exalt the love that redeems. We lift high the Cross because it is the bridge between heaven and earth, the key that opens eternal life, and the sign of God’s unfailing victory.
Let us pray for the grace to live under the sign of the Cross, to find strength in it, and to proclaim with our lives: We adore you, O Christ, and we bless you, because by your holy Cross you have redeemed the world. May the Holy Spirit work this in us.
God bless.
Fr. Chris
Queridos Discipulos, paz.
Hoy celebramos la Exaltación de la Cruz de Cristo, no como signo de derrota, sino como signo mismo de victoria y vida. Lo que una vez fue instrumento de tortura se ha convertido en el trono de la misericordia, donde el amor de Dios se revela en su plenitud.
En la primera lectura, escuchamos sobre la serpiente de bronce que Moisés levantó para que todos los que la miraran sanaran. Esto prefigura a Cristo, quien dice en el Evangelio: “Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí.” En la cruz, Jesús carga con el pecado del mundo y transforma el sufrimiento en salvación.
Para nosotros, la Cruz no es solo un acontecimiento del pasado, sino un llamado presente. Es el núcleo del sacrificio de la Misa, que se remonta al único Calvario. Es también un llamado a seguir a Jesús en el discipulado, lo que significa abrazar la Cruz en nuestras vidas: en los sacrificios diarios, en la fidelidad, en los actos de amor cuando es difícil. La Cruz nos enseña que la verdadera gloria no reside en el poder ni en la comodidad, sino en el amor abnegado.
Así que hoy no exaltamos el dolor, sino el amor que redime. Levantamos la Cruz porque es el puente entre el cielo y la tierra, la llave que abre la vida eterna y la señal de la victoria infalible de Dios.
Oremos por la gracia de vivir bajo el signo de la Cruz, para encontrar fuerza en ella y proclamar con nuestras vidas: Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Que el Espíritu Santo obre esto en nosotros.
Dios los bendiga.
P. Chris
BACK TO LIST