Elevate!

12-15-2019Pastor's LetterFr. John Sims Baker

"Why do you chant so much? Why do you use incense so much? Why do you..." Let me offer you an explanation.

The liturgy is an enhancement of ordinary life. In the liturgy, we leave time and enter eternity; we leave earth and enter Heaven. The liturgy elevates us to greater heights of existence. Singing elevates speech. Incense elevates smell and symbolizes our prayers rising to Heaven. Vestments elevate ordinary dress into Heavenly attire. Ritual and symbolic actions elevate and provide meaning to our movement. If the rituals of a birthday party (including singing Happy Birthday and not just saying it) or of a football game matter, then how much more do those of the Mass?

The liturgy is not supposed to be ordinary. It should be as extraordinary as we can make it. To be present at the sacrifice of Calvary is extraordinary. To consume the Body, Blood, Soul, and Divinity of the Lord Jesus Christ is extraordinary. In the Mass, we intimately encounter Jesus. That's worth pulling out all the stops for! As an old evangelical hymn puts it, how can I keep from singing?

Faithfully,

Fr. Baker

¡Elevaos!

"¿Por qué cantas tanto? ¿Por qué usas tanto incienso? ¿Por qué ...?" Dejen ofrezco una explicación. La liturgia es una mejora de la vida ordinaria. En la liturgia, dejamos el tiempo y entramos en la eternidad; dejamos la tierra y entramos en el cielo.

La liturgia nos eleva a mayores alturas de existencia. Cantar eleva el habla. El incienso eleva el olor y simboliza nuestras oraciones elevándose al cielo. Las vestimentas elevan la vestimenta ordinaria a la vestimenta celestial. Las acciones rituales y simbólicas elevan y dan sentido a nuestro movimiento. Si los rituales de una fiesta de cumpleaños (incluyendo cantar Feliz cumpleaños y no solo decirlo) o de un partido de fútbol importan, ¿cuánto más importan los de la Misa?

La liturgia no se supone que sea ordinaria. Debería ser tan extraordinario como podamos hacerlo. Estar presente en el sacrificio del Calvario es extraordinario. Consumir el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad del Señor Jesucristo es extraordinario. En la Misa, nos encontramos íntimamente con Jesús. ¡Vale la pena hacer todas estas cosas! Como dice un viejo himno evangélico, ¿cómo puedo no cantar?

Fielmente,

el P. Baker

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